Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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El aborto es el asesinato del óvulo, del embrión o del feto, pero en todos los casos, es la brutal interrupción de una existencia individual, la de un alma espiritual inocente que, como nosotros, vino a encarnarse para aprender el verdadero conocimiento espiritual, para alcanzar la realización espiritual, para buscar a Dios y, finalmente, para poder ir a Él. Negar este derecho básico y fundamental es un crimen.

Es hora de que la humanidad recobre el juicio y comprenda todos los riesgos que corre al imponer el aborto a quienes lo practican, a quienes lo solicitan o desean, y a quienes obligan a las mujeres a abortar.

El Señor dice: Estos son seres que renacen vida tras vida dentro de especies demoníacas, incapaces de acercarse a Mí. Poco a poco, se hunden en el estado de existencia más siniestro.

El aborto es un crimen abominable, pues interrumpe la existencia de un alma espiritual que simplemente desea progresar en el plano de la verdadera espiritualidad, causándole un sufrimiento terrible.

El hombre y la mujer que cometen este pecado se hacen responsables de él, hasta el punto de sufrir el mismo destino en su próxima vida. También ellos tendrán que entrar en el vientre de una madre y morir del mismo modo. Si, por desgracia para ellos, lo han practicado varias veces, tendrán que pasar del vientre de una madre a otra en proporción al número de abortos cometidos, sin poder ver la luz del día y sufriendo en cada ocasión.

Cada uno de nosotros dice: «Este es mi cuerpo», pero la verdad es muy diferente. Nuestro cuerpo físico nos fue concedido por el Dueño Supremo, Dios. Ciertamente, el ser espiritual encarnado es consciente del cuerpo que lo alberga, pero no es su único dueño. El verdadero y legítimo dueño del cuerpo físico no es otro que el Señor Supremo. Dios concede a todas las entidades espirituales que se encarnan en este mundo un cuerpo particular según sus deseos y mentalidad pasados, para que puedan disfrutar de la vida terrenal, pero el único y verdadero dueño de este cuerpo es Dios, la Persona Suprema. Él es la fuente original de todo lo que existe, la semilla en el origen de toda existencia.

Por lo tanto, es indecente que una mujer se atreva a disponer del cuerpo del feto que se desarrolla en su vientre sin su consentimiento, puesto que, en este caso, se trata de un ser individual distinto de ella. Si bien tiene derecho a hacer con su propio cuerpo lo que le plazca, bajo ninguna circunstancia debe disponer de este ser individual distinto contra su voluntad. El cuerpo en desarrollo en su vientre no pertenece a esa madre, por lo que terminar con su existencia es un crimen abominable, una falta imperdonable, que será severamente castigada.

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