Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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Finalmente, comprendamos que la entrega a Dios es el único deber de todos los seres. Puesto que todo depende de la voluntad de Krishna, Dios, la Persona Suprema, nuestro único deber es entregarnos a Él, servirle con amor y devoción, y buscar Su protección. Esta es la perfección de la existencia. Por lo tanto, disfrutemos siempre de amarlo, obedecerlo, cumplir Su divina voluntad, entregarnos a Él y servirle con amor y devoción.

La posición de sirviente de Dios es la más alta que existe.

Cuando uno se establece verdaderamente en el servicio amoroso y devoto ofrecido a Krishna, Dios, la Persona Suprema, se vuelve verdaderamente independiente y recupera la verdadera libertad.

La posición de sirviente de Dios es la más alta que existe. Quien pueda comprender esta verdad y, con ello, redescubra su naturaleza original como sirviente eterno del Señor, conocerá la paz absoluta.

¿Por qué nos ordenó Dios no matar a ningún ser vivo?

Al ordenarnos «No matarás», Dios nos pide que no quitemos la vida a ningún ser vivo: humano, animal o planta, pues en todos estos cuerpos reside un alma. No hay justificación para quitarle la vida a nadie.

En verdad, mediante este mandato, el Señor Krishna, Dios, la Persona Suprema, quiere que comprendamos que en todos los cuerpos materiales —los de los seres celestiales, los de todos los seres humanos sin excepción, los de todos los animales terrestres y acuáticos, y los de todas las plantas, desde las briznas de hierba hasta los árboles altos— reside un alma espiritual individual distinta de Dios, así como el propio Señor Krishna, en su forma de Alma Suprema, que mora junto a ella.

En realidad, es según sus deseos y karma que se le otorga un cuerpo particular a un alma espiritual.

Ahora bien, si Dios prohíbe matar a alguien —humano, animal o planta— es para no perturbar a un alma encarnada y, sobre todo, para no interrumpir su camino evolutivo ni impedirle continuar su desarrollo espiritual.

De hecho, las almas encarnadas en cuerpos vegetales, y también las encarnadas en cuerpos animales, continúan automática y naturalmente su evolución espiritual hasta adquirir un cuerpo humano.

Matar a cualquier ser, humano, animal o planta, es interrumpir brutalmente la existencia individual, la de un alma espiritual inocente que, como nosotros, ha venido a encarnar para adquirir el verdadero conocimiento espiritual, que le permitirá alcanzar la realización espiritual, buscar a Dios y, finalmente, poder llegar a Él. Negarle este derecho básico y fundamental es un crimen.

Es hora de que los seres humanos recuperen la cordura y comprendan todos los riesgos que corren al matar a un ser vivo inocente.

Por eso debemos ordenar el cierre permanente de todos los centros de muerte, como mataderos, pesquerías industriales, piscifactorías e instalaciones de acuicultura, y todos los demás centros de cría que producen animales para el sacrificio. También debemos prohibir la cría de cualquier animal destinado al sacrificio y, por último, prohibir el consumo de carne, pescado y huevos.

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