Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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Las manos, al llevar la comida a la boca; los pies, al mover el cuerpo; los dientes, al masticar; los ojos, al observar: todos actúan para satisfacer el estómago, el «centro energético» del que depende todo el organismo. Ninguna parte del cuerpo puede obtener beneficios de sus acciones por sí misma. Nutrimos un árbol regando sus raíces, no sus ramas, y el cuerpo nutriendo el estómago.

Otro ejemplo: los glóbulos rojos transportan oxígeno de los pulmones a los tejidos y, a cambio, recogen dióxido de carbono para expulsarlo al exhalar. Los glóbulos blancos, por su parte, defienden el cuerpo de las amenazas externas.

Esta misma relación existe entre el Señor, creador y beneficiario supremo de todo lo que Es, y los seres espirituales, sus criaturas subordinadas. Como partes de Dios, la Persona Suprema, todos debemos contribuir a su alegría, a su satisfacción. Solo así encontraremos nuestra propia felicidad.

Redescubramos la posición que teníamos con Dios al principio de todas las cosas.

Redescubramos nuestra conciencia original y nuestra posición natural y original como sirvientes eternos de Krishna, Dios, la Persona Suprema, establecidos en nuestra verdadera y eterna identidad espiritual.

Al principio de todas las cosas, cuando el cosmos material aún no existía, las entidades espirituales o almas, que cada uno de nosotros verdaderamente es, vivían con Krishna, Dios, la Persona Suprema, en su reino de conocimiento, dicha y eternidad, sirviéndole con amor y devoción. Estaban inmersos en una felicidad inefable, eterna y sin fin.

Fue en referencia a esta prestigiosa posición, en presencia de sus discípulos y apóstoles, que Jesús se dirigió al Padre Eterno con estas palabras: «Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera».

Si queremos vivir en el mundo real, el mundo espiritual, donde Krishna, Dios, la Persona Suprema es el único Monarca Supremo, donde la ansiedad, la angustia, el miedo, el sufrimiento, la tristeza, el mal y el tiempo no existen, donde la vida es eterna, y donde todos los seres que allí viven son eternamente jóvenes, entonces debemos recuperar absolutamente la posición espiritual, natural y original que teníamos con Dios, antes de que existiera el universo material.

Al regresar a nuestra posición original y natural como siervos eternos de Dios, debemos también, con total naturalidad, adoptar la actitud y el estilo de vida apropiados, de la misma manera que los seres que viven en el reino espiritual se manifiestan y ofrecen constantemente al Señor con inmensa alegría.

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