Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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Los reyes, jefes de estado y gobiernos del mundo tienen el deber de garantizar la protección de todos sus ciudadanos, de todos los seres humanos sin excepción —blancos, negros, amarillos, rojos, mestizos—, de todos los animales terrestres y acuáticos, y de todas las plantas, y de garantizar que no se les cause daño alguno.

Por ello, deben ordenar el cierre inmediato de todos los mataderos, pesquerías, carnicerías, mercados de pescado, granjas de cría de animales para el sacrificio, estanques de peces y acuicultura, y cualquier otra granja que posteriormente venda animales sacrificados para el disfrute exclusivo de los carnívoros, así como de todos los negocios con actividades nocivas donde se encuentre y venda alcohol, tabaco, café, té y drogas.

Por lo tanto, deben prohibir categóricamente el consumo de carne, pescado, huevos, alcohol, café, té, cigarrillos y las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Y para la preservación de la naturaleza y el equilibrio del planeta, deben prohibir la extracción de carbón, petróleo y gas.

Por el bien de todas las almas encarnadas, deben garantizar la prohibición del aborto y la eutanasia, así como de la irreligión, el materialismo y el ateísmo, pues estos son vehículos de la ignorancia sobre la verdad existencial, así como del odio y el racismo, que conducen a la ira perpetua, el orgullo, la avaricia, el egoísmo, la envidia excesiva, la duplicidad, la deshonestidad, la incivilidad, la traición, el engaño, la desgracia, la discordia; en resumen, la maldad en todas sus formas, llevando a la humanidad al sufrimiento perpetuo y repetido, la perdición y la oscuridad continua.

Cualquier líder que forme parte de un gobierno, por el hecho de gobernar con extrema severidad, si muestra odio, sed de venganza, resentimiento y desprecio hacia otra comunidad, otro pueblo con una cultura y color de piel diferentes, y que derrama la sangre de una población inocente, demuestra con sus actos inicuos que no es de Dios.

Todos aquellos que buscan el poder y se aferran a él, y que, para alcanzarlo, no dudan en arremeter, amenazar e insultar constantemente a otros, y en mentir repetidamente, podrán escapar de la justicia humana, pero nunca escaparán de la justicia divina, pues Dios siempre lleva a cabo su obra punitiva. Se puede escapar de la justicia humana, pero es imposible escapar de la justicia divina.

Pero ¡ay también de quienes aprueban y apoyan las malas acciones de líderes injustos que derraman sangre inocente!, pues Dios les exigirá la sangre de los inocentes.

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