Cuando comprendemos que un vínculo eterno nos une con el Señor Supremo, Krishna, esta distinción, basada en una concepción corporal de la existencia, desaparece naturalmente. Cuando los seres espirituales alcanzan la conciencia de Krishna, ya no existe distinción alguna como «yo» y «tú», pues todos participan en el servicio del Señor. De hecho, dado que el Señor es absoluto, los servicios que se le ofrecen también lo son.
Para hacer una comparación, diría que si consideramos los brazos y las piernas, nos daremos cuenta rápidamente de que están al servicio del cuerpo. Por lo tanto, como seres, rendimos el mismo servicio a Krishna. Aunque tenemos diferentes funciones, somos uno y participamos de la misma naturaleza, pues todas nuestras acciones tienen el único propósito de servir a Krishna, la Suprema Personalidad de Dios.
El verdadero conocimiento consiste en saber que somos entidades distintas de Dios, pero unidas a Él, y que juntos formamos un todo único. En cuanto el ser vivo, que cada uno de nosotros es, se considera independiente, comienza su existencia condicionada por la materia. La concepción de una existencia independiente es comparable a un sueño.
En cambio, asentémonos en la conciencia de Krishna, también llamada conciencia de Dios, que corresponde a nuestra posición verdadera, natural, real, original y eterna. Entonces nos liberaremos de la esclavitud de la existencia material.
Nada ni nadie es independiente de Krishna, el Ser Supremo.
El Señor responde: El hombre puede disfrutar de los frutos de la renuncia mediante el simple autocontrol, el desapego de las cosas mundanas y el desinterés por los placeres materiales. Esta, de hecho, es la perfección suprema de la renuncia.
¿Cuándo se puede decir que un ser está condicionado?
El Señor responde: Cuando la conciencia de un ser vivo es atraída por las tres formas de influencia inherentes a la naturaleza material, se dice que está condicionada.
¿Cuáles son las señales que definen la venida del Señor Krishna?
Cuando aparecen estas señales, el Señor desciende.
Cuando las personas eligen el camino materialista y el ateísmo como filosofía, terminan comportándose como animales. Ignoran el verdadero propósito de la existencia, se conforman con comer, dormir, aparearse y defenderse, y solo se preocupan por sus propios intereses. La atmósfera se llena rápidamente de anarquía y otras terribles enfermedades sociales. El nepotismo, la corrupción, el engaño, la agresión y, como consecuencia inevitable, hambrunas, epidemias, guerras y otros factores de inestabilidad se desarrollan en la sociedad. Los devotos del Señor, los creyentes sinceros, son blanco de todo tipo de persecución.


