Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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¿Qué tipo de vida sexual debemos llevar en el mundo material?

En verdad, según el principio védico de los Vedas, las escrituras sagradas originales, también llamadas «el evangelio verdadero», debemos evitar toda actividad sexual, pues es importante liberarnos de las garras de la materia en la que todos estamos prisioneros.

Ahora bien, de los diversos apegos a los placeres sensuales materiales, el apego a la vida sexual es el más fuerte.

El hombre está apegado a la mujer, y a la inversa, la mujer también está apegada al hombre, no solo en la sociedad humana, sino también en el reino animal.

Este apego es el principio fundamental de la vida material. La mujer busca la compañía del hombre, y el hombre busca la compañía de la mujer.

Es el acto sexual el que perpetúa la existencia condicionada en este mundo material, razón por la cual Dios aboga por el celibato o la continencia.

En contacto con la materia, el alma se entrega sin vacilación a todo tipo de actividades pecaminosas, a menudo contra su voluntad. Se ve obligada a cometer pecados sin haberlos deseado.

El Señor lo explica con estas palabras: Es solo lujuria. Nacida del contacto con la pasión, luego transformada en ira, constituye el enemigo devastador del mundo y la fuente del pecado.

La lujuria es el mayor enemigo de los seres humanos.

El Señor nos advierte con estas palabras: Tres puertas se abren a este infierno: la lujuria, la ira y la codicia. Que toda persona cuerda las cierre, pues conducen al alma a su destrucción.

Con estas palabras, el Señor describe los orígenes de la vida demoníaca. Quienes buscan satisfacer su lujuria, si no lo logran, surgen la ira y la codicia. Por tanto, el ser humano cuerdo, que no quiera caer en especies demoníacas, debe procurar librarse de estos tres venenos o enemigos, capaces de extraviar al alma, hundiéndola en la confusión y en la ilusión, hasta el punto de privarla de toda posibilidad de liberarse de las trampas de la existencia material, y como dice el Señor, de conducirla a su ruina.

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