Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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La actitud correcta, el comportamiento ideal, según el principio espiritual.

El apego es inherente a los seres vivos. Según los principios espirituales, el acto sexual está reservado exclusivamente para las parejas casadas, ya que tiene una sola función: la procreación, y nunca debe utilizarse para despertar el placer sensual.

Si queremos liberarnos de este mundo material y romper las cadenas que nos mantienen cautivos, debemos eliminar este apego. De lo contrario, solo seguirá creciendo, y entonces tendremos que renacer continuamente, una y otra vez, ya sea como un ser celestial, un ser humano o un animal.

Este principio fundamental de apegos cada vez mayores es la tendencia general, pero no la de los fieles sirvientes de Krishna, la Suprema Personalidad de Dios.

Lo ideal es reducir estos apegos hasta el punto de desaparecer por completo, pues es el acto sexual ligado al placer sensual lo que ata al ser vivo al ciclo de reencarnaciones sucesivas. Benditos sean los castos célibes.

Independientemente del cuerpo material en el que resida, ¿es el alma espiritual siempre la misma?

Como espíritus puros, todas las almas espirituales son iguales e idénticas, ya residan en el cuerpo de un ser celestial, un habitante de los planetas celestiales o paradisíacos, un ser humano, un animal o una planta.

Por lo tanto, el Señor dice: Quienes están verdaderamente iluminados no ven la apariencia externa del ser vivo, [el cuerpo material], ya sea un ser celestial, un habitante de los planetas celestiales, un ser humano, un animal o una planta.

Quienes están iluminados con el conocimiento divino puro ya no ven el cuerpo material denso de color blanco, negro, amarillo, rojo o mixto, ni la forma material animal o vegetal, sino solo la entidad espiritual, el alma espiritual, que está ahí, que reside ahí.

Desde entonces, sienten el mismo amor por todos los seres humanos sin excepción. Van aún más lejos, pues en todos los cuerpos animales y vegetales, solo ven el alma espiritual que reside allí, y no distinguen entre un hombre, una mujer, un perro, un gato, un elefante o una hormiga; los aman a todos con el mismo amor.

En verdad, a través de la envoltura material que envuelve la entidad espiritual, solo ven el alma espiritual encarnada que reside allí. Este es el verdadero amor.

Por eso Dios nos manda no comer carne, pescado ni huevos.

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